lunes, 15 de febrero de 2010

Ojos negros: segunda parte


John O’Leary se acomodó el lazo de terciopelo que adornaba su cuello y cuadró los hombros. Frente a él se encontraba la propiedad de Jeremiah Stone; lo había citado esa mañana para saldar por fin su deuda y sólo esperaba marcharse de allí con dinero contante y sonante entre las manos.
Golpeó un par de veces y cuando la puerta finalmente se abrió se quedó atónito. Una jovencita de cabellera dorada le sonrió amablemente.
-Buenos días, señor O’Leary –le dijo ella hechizándolo con su sonrisa.
Él se quitó el sombrero e ingresó a la casa.
-Buenos días.
-Mi tío lo está esperando –le anunció ella cogiendo su sombrero; cuando lo hizo la punta de sus dedos rozó la mano de John y él experimentó una sensación apabullante; alzó la vista y descubrió que ella había sentido lo mismo.
Jeremiah Stone apareció por la puerta de la sala y lo invitó a pasar.
-¡John, bienvenido a mi casa! –saludó el anciano exageradamente.
-Gracias, señor Stone –John se sentó en el sillón sin dejar de observar a la jovencita cuyo nombre aún desconocía.
Marie le dio la espalda para evitar que él notara el rubor en sus mejillas.
-Marie, querida, déjanos solos –le pidió su tío.
Marie se sorprendió por el modo cariñoso con el que la había tratado, comprendió enseguida que sólo se debía a la presencia del distinguido señor O’Leary.
Los ojos oscuros de John siguieron la silueta de la joven hasta que desapareció de la sala.
Jeremiah percibió de inmediato el interés de aquel hombre por su sobrina; sin dudas aquel hecho jugaba a su favor.
-Supongo que si me citó aquí es porque ya tiene mi dinero –comentó John cruzando una pierna encima de la otra y reclinándose en el sofá.
Jeremiah carraspeó nervioso y le sonrió.
-¿Qué le ha parecido Marie, John?
A John le sorprendió su pregunta.
-Una muchacha muy bella, sin dudas.
-Tengo entendido que es usted viudo, ¿no es así? –preguntó ahondando ahora en su vida privada.
John se movió inquieto en su sitio.
-Lo soy, pero no entiendo porqué me está haciendo estas preguntas.
Jeremiah Stone hizo una pausa y antes de seguir hablando eligió en su mente las palabras que diría a continuación.
-John; no poseo dinero suficiente para cubrir la deuda que tengo con usted –se pasó una mano por la cabeza rala-. Estoy dispuesto a entregarle a mi sobrina como pago –soltó finalmente.
John abrió los ojos como platos.
-¿Qué está diciendo? No podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
-Marie es una muchacha educada, es bonita y además de estar en edad de merecer le puedo asegurar que aún es virgen.
El desprecio que sentía John por aquel hombre se convirtió en un intenso odio. ¿Cómo podía pensar siquiera en vender a su propia sobrina?
-No puede estar hablando en serio…
-Nunca he hablado más en serio en toda mi vida –se acercó y endureció la expresión de su rostro-. Esa muchacha no me causa más que problemas, está conmigo desde que tiene ocho años y no ha sido más que una carga para mí; sus padres murieron y como soy el único pariente vivo me la endilgaron a mí… la verdad es que quiero deshacerme de ella y esta es la oportunidad perfecta –sonrió burlonamente-. He notado como la miraba hace un momento, John; la muchacha le gusta. Acepte mi propuesta y ambos saldremos ganando, yo me libro de ella y usted se gana una hembra para meter en su cama…
John no dejó que continuara, se puso de pie y asió al miserable del cuello.
-¡Es usted un patán!
Los gritos llamaron la atención de Marie quien entró en la sala y se encontró con la terrible escena.
-¡Suelte a mi tío! –suplicó ella acercándose.
John la miró pero no soltó al hombre.
-¡Llévesela, John, no se va a arrepentir! –siguió vociferando Jeremiah a pesar de que apenas podía respirar debido a la presión de las manos de John sobre su cuello.
Marie miró a su tío, era incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.
-¡Maldito! John arrastró al viejo hasta el sillón en donde lo arrojó; pero no sin antes propinarle un buen golpe en la mandíbula.
-¡Por favor! –gritó Marie presa de los nervios.
-¡Es suya, John, hágame el favor y termine con mi calvario! ¡Llévese a Marie con usted y haga lo que quiera con ella!
Las palabras de Jeremiah retumbaron en la cabeza de Marie. Retrocedió unos pasos y se sentó porque creyó que se desmayaría.
-Tío… ¿qué dice?
-¿Cómo puede ser tan cruel con su propia sobrina? –inquirió John respirando agitadamente y clavando sus ojos negros en el rostro del hombre que acababa de ofrecerle a su sobrina como pago de la deuda.
-Me la quiero sacar de encima; ya la he soportado durante mucho tiempo. Todos ganamos John, sabe que digo la verdad –respondió sin siquiera mirar a Marie que lloraba desconsolada en un rincón-. Si no se la lleva seguirá viviendo a mi lado y le juro por Dios que me encargaré de hacer de su vida un infierno –amenazó. Era el último as que tenía en la manga, estaba decidido a matar dos pájaros de un tiro, saldaría su deuda con el irlandés y además se desharía de la presencia de su entrometida sobrina.
John observó a Marie y sintió una inmensa pena por ella.
Respiró hondo y volvió a mirar a Jeremiah Stone.
-Está bien, será como usted diga, me llevo a su sobrina y su deuda queda saldada.
Jeremiah sonrió complacido mientras que en su sitio Marie había dejado de llorar desconsoladamente para clavar sus ojos azules en el hombre alto que se la sacaría de la casa en donde había sido tan infeliz.
Mañana, tercera y última parte....

2 comentarios:

Mientras Lees dijo...

Muy buen relato!
Me viene perfecto para esta hora del día, en la que estoy un poco somnolienta, se me ha quitado todo el sueño de un plumazo! :D

Un besazo!

Andrea dijo...

Jajaja me alegro mucho guapa!! Al menos no te has dormido leyéndolo ;)

Besotes

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